| Benoit GrisonLaboratoire Activité Motrice & Conception Ergonomique (AMCO)
UFR STAPS d’Orléans benoit.grison@univ-orleans.fr |
_________________________________________________
Traducción: Virginia Barceló Monerris –ITS en informática-.
Supervisión a cargo de Miguel Herreros – alumno del master EAED de la UB-_________________________________________________
RESUMEN
Este artículo propone una tentativa de «arqueología» de la cognición «situada», conjunto de enfoques a la interfaz de las Ciencias Cognitivas y del constructivismo social. Se distinguen tres corrientes históricas fundamentales, al principio, a través de diversas recombinaciones, de la mayoría de las formas de acción situada actuales: la corriente de la «acción situada» original, la corriente del «aprendizaje situado» y el de la «cognición distribuida».
PALABRAS CLAVE
Actividad situada, cognición distribuida, cognición situada, constructivismo social, microsociología.
1.- Introducción
Desde mediados de los 90, una comunidad internacional de varios centenares de investigadores en Ciencias Cognitivas y Ergonomía reivindican un enfoque «situado» y «distribuido» de la cognición. Se trataría de encarar los procesos cognitivos y la actividad como indisociables de una situación, de los que sus elementos físicos, los artefactuales tanto como los sociales, ofrecen recursos significativos para la acción de los sujetos (se revela aquí la influencia de la teoría de las afordancias[1] desarrollada en Psicología de la Percepción por James Gibson, 1979). En relación al marco teórico de la Psicología Cognitiva clásica, el acento se desplaza del estudio de los mecanismos internos hacia el de la ecología psicológica, del «espacio de vida» de los actores —por utilizar la terminología de Kurt Lewin.
Sin embargo, a pesar del éxito creciente que experimentó la corriente de la «cognición situada», simbolizado por la adhesión espectacular de Jerome Bruner (véase Bruner, 1990), ésta, más que un paradigma unificado, no forma aún, según confesión misma de uno de sus promotores, más que un «conjunto poco estructurado de perspectivas» (Resnick, 1996). Podemos incluso preguntarnos si su tardía toma en consideración por parte del establishment cognitivista (el número especial de 1993 de Cognitive Science[2]) no ha llevado, a continuación de Vera y Simon (1993), a reagrupar bajo la etiqueta de «acción situada» diversos enfoques heterogéneos a veces poco compatibles entre ellos.
La noción misma de contexto situacional, que relaciona entre sí a los diferentes autores de la acción situada, está mal aclarada, ¡cuánto más por estar lejos de disponer de una teoría psicológica de las situaciones! Sin embargo, el carácter «confuso» y heterogéneo de este concepto, como sucede a menudo en la ciencia, no le impide en absoluto ser operativo y fundamentar trabajos interesantes. Veremos más adelante cómo toma sentido para distintas corrientes*1.
Podemos ya avanzar una definición negativa de las características comunes de diversas investigaciones en acción situada:
● la acción situada no se confunde en absoluto con el estudio de la actividad en situación de trabajo, sino que se caracteriza bien por presupuestos teóricos fuertes, la mayoría de las veces incompatibles con el funcionalismo cognitivista. Dicho esto, si la perspectiva ergonómica en su conjunto no es «situada» por naturaleza, al menos proporciona un terreno muy adecuado para comprobar las hipótesis de la cognición situada. Más aún, los investigadores que se adhieren a una u otra forma de acción situada afrontan la ergonomía en tanto que potencial portadora del desarrollo de conocimientos científicos sobre el dominio de la actividad humana, e incluso de una teoría de la actividad. Actuando así, recusan una dicotomía marcada entre «aplicación» e investigación científica, y se unen a las posiciones de pioneros como Ombredane o Faverge, que concebían el análisis del trabajo como una disciplina «fundamental» por sus contribuciones al estudio de la cognición (véase Richard, 1996). Es elevada aquí la apuesta epistemológica por la Ergonomía.
● la acción situada no se apoya exclusivamente sobre los métodos de observación «en vivo», sino que lo hace igualmente sobre las técnicas de entrevistado, las simulaciones y las (cuasi-)experimentaciones.
● correlativamente, la acción situada no se reduce a los debates teóricos múltiples alrededor de la «validez ecológica» de las situaciones de recogida de datos, incluso si algunos de sus pioneros han hecho progresar los cuestionamientos a propósito de esta noción.*2
● antropología cognitiva y cognición situada no son completamente sinónimos: en efecto, sin hablar de la «Etnociencia» o de la «Antropología Estructural» de los años 60, diversas antropologías cognitivas de hoy en día, tales como las de Dan Sperber o de Maurice Bloch, son ajenas al enfoque situado, aunque estén influenciadas en parte por el cognitivismo.
Más allá de la diversidad de concepciones de la acción situada encarnada por los diferentes grupos de investigación, encontramos ciertos fundamentos teóricos recurrentes: la referencia a Vygotsky, a las microsociologías fenomenológicas y comprensivas alemanas; así como a los seguidores de la Escuela de Chicago, marcada (bajo la influencia del pragmatismo) por una tradición de Psicología Social interaccionista que recusa el mentalismo. Estas raíces comunes explican el interés que la acción situada presenta por los temas del pensamiento práctico y de la «cognición encarnada[3]». Se puede así caracterizar más positivamente las cogniciones situadas como el producto del encuentro entre la Psicología Cognitiva y la rica herencia histórica del constructivismo social. Desde que los sociólogos como Cicourel y Goffman se interesan a partir de los años 60 en la cognición y en el contexto microsocial de ésta, se halla abierta la vía para un diálogo fructuoso entre las Ciencias Cognitivas y las Ciencias Sociales.
Para delimitar mejor los contornos de este cambiante campo de investigación, me propongo aquí esbozar una genealogía de las cogniciones situadas a través de la breve descripción de tres corrientes fundamentales, las cuales, combinados en diversos grados, creo que son el origen de la mayoría de formas actuales de acción situada. Un enfoque «filogenético» como este puede permitirnos circunscribir de forma más precisa aquello que conforma la especificidad del enfoque situado. Esta tentativa de clarificación histórica pretenderá así mismo dilucidar los aspectos teóricos harmonizables entre las tres perspectivas distinguidas, y los que no lo son, o lo son a costa de sincretismos problemáticos. En fin, para concluir pasaré de la voluntad de «neutralidad» descriptiva de la Historia de las Ideas a una aproximación crítica explícita, esbozando el balance epistemológico de las aportaciones de las diferentes cogniciones situadas en las Ciencias Cognitivas. Las tres corrientes que se pueden distinguir son las siguientes:
1. La corriente de la «acción situada» original: ésta se enraíza en la tradición intelectual de la «etnometodología» de Harold Garfinkel, sociología innovadora que se centra en el estudio de los «razonamientos sociológicos prácticos» de los actores, o los etnométodos. La etnometodología concibe el conocimiento como una construcción local (situada).
2. La corriente del «aprendizaje situado»: se sitúa en la prolongación del programa de investigación desarrollado desde hace más de un siglo por la Psicología Intercultural (Cole, 1996) que se interroga sobre la existencia de invariantes cognitivos frente a la diversidad de situaciones culturales.
3. La corriente de la «cognición distribuida»: tiene sus orígenes en las problemáticas de la Sociología del Conocimiento y en la escuela rusa de Psicología (Vygotsky y el enfoque histórico-cultural de la cognición, la teoría de la actividad de Leontiev).
2.- La «acción situada» original*3
En su primera acepción, la expresión «acción situada» abarcaba un programa de investigación preciso, puesto en marcha por investigadores formados en la etnometodología y en el análisis conversacional, de los que destacó Lucy Suchman (1987, 1988).
La acción situada primigenia trata de reevaluar la noción de planificación, central en las Ciencias Cognitivas clásicas, mediante la reintroducción del entorno de la actividad, ausente de la visión «desencarnada» de la cognición vehiculada por el cognitivismo. Se trata de reaccionar a una concepción del planning elaborada sobre el principio del GPS de la I.A.[4] (Newell, Shaw & Simon, 1958), remitiéndose a las estrategias de tipo «análisis de los fines y de los medios», o pensada como secuencia jerarquizada de operaciones (Miller, Gallanter & Pribram, 1960).
En búsqueda de una teoría de la acción más que de un modelo del sujeto conociente, Suchman insiste antes que nada en la complejidad cambiante de las situaciones, sobre la «autoorganización emergente» de la actividad, sobre la reactividad «oportunista» de los actores frente a las contingencias del entorno. Sin embargo, el hecho de que no haya según ella ninguna predictibilidad de las reacciones de los sujetos la lleva a rehabilitar el entorno cuasi-determinista del Conductismo, al cual se acabará acercando.
No voy a volver aquí sobre los dos ejemplos concretos llevados por Suchman en apoyo de sus tesis sobre la planificación, el estudio de la utilización de una fotocopiadora y la anécdota del descenso de los rápidos en canoa. Lo esencial es que ella recusa en ambos casos la idea de procesos de planificación vistos como determinantes de la acción: según ella, es más bien la acción «local», «situada», la que es generatriz de los planes. No es que los planes no tengan importancia en los actos cotidianos; al contrario: ayudan a los sujetos a dar sentido a la acción. Se trata de hecho de comprender la acción, no de explicar las causas eficientes. Por añadidura, se pondrá desde entonces el acento en la cuestión de la improvisación, olvidada por los cognitivistas: así, a partir del descenso en canoa, las dificultades encontradas, no todas modelizables a priori, son resueltas por el kayaquista recurriendo a habilidades «incorporadas», resultado de experiencias anteriores. Este punto de vista es una forma de esquivar las aporías contra las que choca el «representacionismo» estricto (frame problem[5], paradoja del «homunculus»[6], …). Pero la deliberación, los procesos de razonamiento del actor pasan entonces a un segundo plano de las preocupaciones del investigador. Respecto a estolas reflexiones de Lucy Suchman sobre el planning parecen en regresión por contraste con los estudios pioneros de Gladwin (1964/1974; 1970) sobre las estrategias de los navegantes polinesios Trukese (relevados más tarde por Hutchins): este antropólogo demostró que los marinos de las Carolinas, partiendo como sus colegas europeos de una aprehensión global al problema (alcanzar determinado atolón), no intentaban dilucidar un principio unificador que permitiera deducir el conjunto de soluciones particulares necesitadas durante la acción, sino que se apoyaban a medida que avanzaba su singladura en índices contextuales significativos remitiéndose a una práctica repetida (aspecto de las corrientes y de los islotes que iban encontrando, vientos, incluso el color del mar…). Pero Gladwin no trató la acción en contexto y la acción planificada como opuestas, sino más bien como componentes variables según los diferentes modos de navegación.
Sea como sea, una de las grandes aportaciones del grupo de Suchman ha sido favorecer el paso de la noción de plan-programa a la de plan-comunicación en el sentido con que lo entiende Phil Agre (Agre & Chapman, 1991). Si hay una planificación, ésta se ve como algo dinámico, el plan que constituye un elemento de la acción, sin controlarla totalmente: se convierte de hecho en un recurso que autoriza la improvisación circunstancial. Ya que, como insiste Kirsh (1990), la concepción de la acción como exclusivamente «situada» sufre de limitaciones intrínsecas: parece necesario, se haga como se haga, coordinar las «restricciones locales» y las «restricciones globales» cuando se pasa de un contexto a otro.
En la prolongación de las investigaciones de Suchman se sitúan también los primeros trabajos de Microsociología Cognitiva de Bernard Conein y sus colaboradores (Conein & Jacopin, 1993 & 1994; Conin, 1998). Estos investigadores están marcados por el desarrollo de la «Vida Artificial» en el campo de la robótica de los años 90: ésta substituye exitosamente con «robots reactivos», «estímulo-respuesta», a los viejos robots autónomos con representación del conocimiento, dotados de generadores de planes (véase Brooks, 1991). En consecuencia, más que multiplicar los procesos internos hipotéticos, habrá que concentrarse en el análisis del rol que juega el entorno en las conductas inteligentes y en los acontecimientos reales que se producen en él. Se trata claramente, como así lo confirma la referencia a la obra de Mead (1934/1963), de retomar actualizadamente el conductismo social.*4 Los objetos de estudio destacados son entonces las dinámicas rutinarias complejas, ni reglas internas, ni comportamientos adaptativos «locales»: se estudiará por ejemplo las relaciones entre la organización concreta de los objetos del espacio de trabajo y la ejecución optimizada de recetas de cocina, o incluso de un trabajo de oficina (ver Fischler & Kahlou, 1995).
3.- La escuela de Michael COLE y el «situated learning»
Los trabajos interculturales se han dirigido, a partir de los años 60, al principio bajo el empuje del psicólogo americano Michael Cole, a la «etnomatemática» y a la influencia de la escolarización sobre las formas de razonamiento. Estas investigaciones de «psicología cultural» sobre la cognición, sobre todo anglosajonas, se han desarrollado haciendo abstracción de la concepción dominante entonces del cerebro como «sistema de tratamiento de la información». Dichas investigaciones han conducido a un grupo de autores a definir la importancia capital de un «aprendizaje situado» (situated learning), donde los productos serían difícilmente transferibles a la resolución de problemas en otras situaciones.
Así, Michael Cole, John Gay, y otros (1971) demuestran que los niños Kpelle de Liberia son capaces de realizar operaciones matemáticas asombrosas en el marco de la vida corriente (los Kpelle son los «maestros de la medida del arroz» según los investigadores), pero pueden tener dificultades para resolver un problema escolar del mismo nivel. Jean Lave ha estudiado paralelamente los sastres liberianos de la etnia Vai, repartidos en cuatro grupos: escolarizados/no escolarizados * expertos/novatos (véase Lave, 1988). Los sujetos se confrontan a dos tipos de problemas matemáticos de dificultad comparable (de cálculo de proporciones), uno relacionado con su práctica profesional y el otro no. Habría una diferencia de resultados positiva para la parte de los individuos escolarizados en los problemas que no hacen referencia a la práctica (pero los datos estadísticos, incompletos, no permiten una interpretación unívoca). Igualmente, los niños, vendedores de la calle de Recife estudiados por Carraher, Carraher & Schliemann (1985), muestran diferencias en sus estrategias aritméticas profesionales y las que desarrollan en la escuela: las de trabajo son menos generales. Son heurísticas personales perfectamente adecuadas para sus propósitos, en oposición al algoritmo escolar.
El grupo de Cole a continuación ha trasladado sus actuaciones, aplicándolas a las situaciones de la Psicología Escolar y de la Ergonomía de las sociedades industriales. Lave y sus estudiantes se han volcado en la aritmética cotidiana de las amas de casa haciendo sus compras, evaluando los precios más ventajosos, sobre las estimaciones empíricas de cantidades de alimento en los weight watchers (Lave, 1988): otra vez se encuentra un desfase respecto la eficiencia del cálculo de tipo escolar de las mismas cuestiones, menor. En cuanto a esto, Scribner se ha interesado en los métodos de inventariado de los lecheros de una compañía americana de distribución en función del nivel de experiencia, Beach en las actividades de los camareros expertos (véase Scribner, 1984).
Poco a poco, las investigaciones de los partidarios del aprendizaje situado les han llevado a relativizar el carácter «extraterritorial» de las situaciones formadas por la escuela o por el laboratorio de Psicología, hasta encarar estas últimas como unas situaciones culturales entre otras. Los procesos cognitivos son vistos como parcialmente ligados a estos diversos contextos de desarrollo. Lave esconde el concepto de «situación» en dos, distinguiendo la arena, marco institucional relativamente estable (el supermercado, por ejemplo) de escenario, acoplamiento interactivo del individuo con esa arena.
Este último autor ha endurecido las perspectivas resultantes del «aprendizaje situado», para acabar por producir una versión radical de esta corriente, cerca de la «acción situada» según Suchman: la cognición se construiría enteramente en la acción, siendo los motivos del autor nada más que reconstrucciones retrospectivas. Más importante aún, para Lave, «localista» hasta el extremo, la existencia de una posibilidad de transferencia de competencias expertas de un contexto cultural a otro es dudosa.Este punto de vista no se sostiene: estudios recientes muestran claramente que una transferencia al menos parcial de procedimientos de razonamiento entre dos dominios de conocimientos limítrofes, sin «regresión» al nivel de novato, puede existir (ver e. a. Schraagen, 1993; Broyon, 2001).
Una aportación importante de la corriente de Michael Cole es la insistencia en el rol de los artefactos en la actividad: éstos (ya se trate de los recipientes alimentarios para el weight watcher, o los guijarros para el niño Kpelle fuera de los muros de la escuela) pueden ser así llevados a servir de dispositivos externos de cálculo. Más aún, a través de la reevaluación de la obra de Vygotsky y de su trabajo con Jack Goody sobre las consecuencias cognitivas de la alfabetización en Africa occidental, Cole se llega a volcar sobre el libro como útil de pensamiento reorganizador de la cognición (Scribner & Cole, 1981).
4.- La cognición Distribuida
La «cognición distribuida» es un programa de investigación que ahora goza de una visibilidad notable en Ergonomía, en Psicología del Trabajo y en el dominio de la Educación (véase e. a. Salomon, 1993): a este respecto, el libro de Hutchins, Cognition in the Wild (1995) ha constituido un hito. Eso no quita que la existencia de esta corriente sea ya antigua, se remonta de hecho varios decenios. Su advenimiento fue preparado a la vez por la «psicología antropológica» resultante de Wundt, quien concebía que los procesos superiores tenían unos orígenes culturales (véase Wundt, 1916; Roberts 1964), y por la sociología fenomenológica de Alfred Schütz.
El representante más destacado de la primera tendencia es, claro está, el psicólogo ruso Vygotsky (véase Riviere, 1990). Vygotsky, y luego Leontiev, quien integra los objetos en su visión de sistema complejo formado por la actividad psicológica, distinguen dos tipos de instrumentos: los instrumentos técnicos sensu stricto, transformadores ellos mismos de os objetos, del entorno, y los instrumentos psicológicos (la escritura, los algoritmos de cálculo, los ábacos, los mapas…), que reorganizan la cognición individual. Esta última noción ha sido retomada por Latour (1985) con sus «inscripciones» e incluso por Simon, quien ha insistido en el rol de los diagramas en el razonamiento de los científicos (Larkin & Simon, 1987). De todas formas, dicha noción ha sido designada sobre todo como «artefacto cognitivo» (Norman, 1993).
En cuanto a Schütz, fué el primero en desarrollar explícitamente desde los años 40 un modelo de lo social poniendo el acento en la «distribución del conocimiento» —por usar sus propios términos— entre individuos y objetos culturales: estos stocks de conocimientos «socialmente derivados», intersubjetivos, son movilizados por los individuos en los contextos situacionales precisos (véase Schütz, 1964).*5 Para el sociólogo austro-americano, el estudio de esta distribución cognitiva debería ser el objetivo mismo de una sociología del conocimiento consecuente. Schütz, al contrario que los psicólogos vygotskyanos, se ha interesado poco en los «sistemas de amplificación cognitiva» —con la excepción de algunas páginas que consagró a las partituras musicales, pero su punto de partida le había sido sugerido por un texto de Halbwachs (1939).
En la versión actual de la cognición distribuida, donde el desarrollo ha sido catalizado por la aparición de simulaciones de Inteligencia Artificial Distribuida (chandrasekaran, 1981; Ferber, 1995; Doran, Troitzsch, Mueller & Gilbert, 1996), la cultura se concibe como un sistema «discrecional», de colecta, almacenamiento, tratamiento y recuperación de los conocimientos, formada por la red de los sistemas cognitivos individuales y los de los artefactos. Para el investigador, los sistemas de cognición colectiva constituyen entonces las unidades de análisis, donde se trata de comprender el funcionamiento de conjunto (el célebre ejemplo de la cabina de avión estudiada por Hutchins). Contrariamente a lo que deja entrever Nardi (1996), el sujeto cognitivo no se niega mediante este enfoque: simplemente, al nivel de análisis donde ella se mueve, la cuestión del sujeto no es pertinente.*6
La relación que mantienen la cognición distribuida con el cognitivismo es ambigua, como lo testimonia el vocabulario «computacional» empleado por Hutchins y otros autores: «flujo de informaciones», «representaciones del conocimiento», … Hay por lo tanto una incompatibilidad entre las concepciones de la cognición constructivistas e «histórico-culturales» en el origen de la distributed cognition[7], por una parte, y el funcionalismo cognitivista por otra.
5.- ¿Ganancias y/o regresiones epistemológicas?
El paradigma cognitivista tiene por correlato un objetivismo estricto, suponiendo el establecimiento de correspondencias unívocas entre las representaciones y el universo exterior. Obrando así, fracasa al intentar dar cuentas de una característica esencial del sistema cognitivo humano: éste es fundamentalmente un «sistema interpretativo», dador de sentido. Con la acción situada, se pasa del tratamiento de información a la construcción cultural de significaciones, y al mismo tiempo, de un enfoque explicativo a un enfoque comprensivo de los procesos. La cognición del ser humano es vista como encarnada e históricamente construida: las diferentes formas de cognición situada pueden por lo tanto armonizarse con el punto de vista de los neurobiólogos, quienes en su mayoría rechazan la idea del cerebro como Máquina de Turing[8] (Edelman, 1992; Prochiantz, 1997).
No obstante, rechazar la adhesión a un realismo ingenuo no implica en absoluto abrazar las formas radicales de relativismo epistemológico… Es sin embargo la elección que hacen los partidarios de las «versiones fuertes» de la acción situada como Lave y Suchman: el «localismo» de estos autores les disuade de otorgar a las verdades científicas un carácter universal posible; con ello, este «nihilismo epistemológico» les conduce a acercarse a diversas formas de sociología de las ciencias ultrarrelativistas (Latour o incluso el «programa fuerte» de los sociólogos ingleses). Con tales «constructivismos duros», donde las ciencias (aunque sean cognitivas) no son consideradas más que como construcciones culturales entre otras, se está lejos de la actitud epistemológica de un Harold Garfinkel. En efecto, éste último siempre ha salvaguardado un realismo mínimo, considerando, a la manera de un temprano Thomas Huxley, la ciencia como una forma elaborada de sentido común. El vínculo entre cognición situada y relativismo epistemológico radical es cualquier cosa menos necesario.
[1] Afordancia: neologismo formado a partir del verbo to afford (proporcionar, permitir, ofrecer la posibilidad), que se refiere a las posibilidades de interacción entre el animal y su entorno. Por ejemplo, una silla ofrece entre otras la afordancia de sentarse en ella a un hombre y de caminar sobre ella a una rata. (N. de la T.)
[2] Cognitive Science es la revista de la Cognitive Science Society. (N. de la T.)
*1 Para los enfoques posteriores a las corrientes «clásicas» de la cognición situada abordados en este artículo, influenciados por Varela (Theureau, 1992, por ejemplo), la cuestión de la definición del contexto no se plantea, dado que estos modelos postulan una codeterminación de la acción y de la situación.
*2 Sobre este punto, ver Grison y Riff (2002).
[3] “Cognición encarnada” en el sentido de “hecha carne”, “personificada”. Según la wikipedia (ups!) en su entrada “Embodied cognition” dice (traducido del inglés por mi, con lo que ello conlleva): “Los filósofos, los científicos cognitivos y los investigadores en inteligencia artificial que estudian la cognición encarnada y la mente encarnada creen que la naturaleza de la mente humana está grandemente determinada por la forma del cuerpo humano. Argumentan que todos los aspectos de la cognición, como las ideas, los pensamientos, los conceptos y las categorías, se forman según aspectos del cuerpo. Estos aspectos incluyen el sistema perceptual, las intuiciones que subyacen en la habilidad de moverse, las actividades y las interacciones con nuestro entorno y la comprensión ingenua del mundo que se construye en el cuerpo y el cerebro.” (N. de T.)
*3 Según la publicación del número de 1993 de Cognitive Science, se ha extendido la costumbre de utilizar «acción situada» y «cognición situada» como expresiones sinónimas, lo que anteriormente no sucedía.
[4] El GPS es el General Problem Solver, o Solucionador General de Problemas, un programa desarrollado por Newell entre los 50 y los 60 para resolver problemas: el usuario introducía la definición de un entorno y de unos operadores que podían aplicarse en él. El programa aplicaba reglas heurísticas y métodos de ensayo y error para resolver el problema. (N. de la T.)
[5] Otra vez según la wikipedia en la entrada “Frame problem” (traducido del inglés de nuevo por mí) encontramos: “En I. A. el problema del marco fué inicialmente formulado como el problema de expresar en lógica un dominio dinámico sin especificar explícitamente qué condiciones no estaban afectadas por una acción. [...] Más tarde, el término adquirió un sentido más amplio en filosofía, donde se formula como el problema de limitar las creencias que deben ser actualizadas en respuesta a las acciones. “
[6] El término homúnculo, si bien tiene acepciones más antiguas, en el aspecto que creo que interesa aquí proviene de las observaciones de esperma que hizo Nicolas Hartsoeker en microscopios rudimentarios. En 1694 descubrió «animalúnculos» en el esperma de humanos y otros animales. La escasa resolución de aquellos primeros microscopios hizo parecer que la cabeza del espermatozoide era un hombre completo en miniatura. A raíz de ahí se desataron las teorías que afirmaban que el esperma era de hecho un «hombre pequeño» (homúnculo) que se ponía dentro de una mujer para que creciese hasta ser un niño; éstos llegarían más tarde a ser conocidos como los espermistas. Se pensaba que ya desde Adán estaba enclaustrada toda la humanidad, que se iría transmitiendo a su descendencia. Esta teoría biológica permitía explicar de forma coherente muchos de los misterios de la concepción (por ejemplo, por qué necesita de dos). Sin embargo más tarde se señaló que si el esperma era un homúnculo, idéntico a un adulto en todo salvo en el tamaño, entonces el homúnculo debía tener su propio esperma. Esto llevó a una reducción al absurdo, con una cadena de homúnculos «siempre hacia abajo».
Actualmente el término se usa de determinadas formas para describir sistemas que se cree que funcionan gracias a los «hombrecillos» de su interior. Por ejemplo, el homúnculo sigue siendo una de las principales teorías sobre el origen de la consciencia, que afirma que es una parte (o proceso) del cerebro cuyo cometido es ser «tú». El homúnculo se cita con frecuencia también en la cibernética, por razones similares.
*4 Esta postura teórica no corresponde ya al estado actual del pensamiento de Conein.
*5 Que la cognición distribuida haya sido por mucho tiempo denominada igualmente «cognición socialmente compartida» traiciona su origen fenomenológico parcial (esto es el «mundo compartido por todos» de los filósofos fenomenólogos).
*6 Por contra, la teoría de los Actores-Redes y de la «interobjetividad» de Bruno Latour (ver Courtial, 1994; Latour, 1994), quienes simetrizan realmente los estatus de los humanos y de los no-humanos, no son conciliables con los fundamentos teóricos iniciales de la cognición distribuida, en particular la semiótica sujetacionalde Bakhtine y Vygotsky, que a su vez lo habían heredado de su maestro, el fenomenólogo y lingüista Gustav Shpet (ver a este respecto Zinchenko, 2002).
[7] En inglés en el original (N. de T.)
[8] Puede verse una descripción de lo que es una máquina de Turing en http://es.wikipedia.org/wiki/M%C3%A1quina_de_Turing (N. de T.)
BIBLIOGRAFÍA
·Agre, P.E., & Chapman, D. (1991). What are plans for? In P. Maes (Ed.), Designing Autonomous Agents, Cambridge, MA: MIT Press, pp. 17-34
·Brooks, R. (1991). New approaches to Robotics. Science, 253, 1227-1232.
·Broyon, M.A. (2001). Métacognition et cultures. In Actes 8ème Congrès de l’Association pour la Recherche InterCulturelle (ARIC), 24-28 septembre, Université de Genève.
·Bruner, J. (1990). Acts of Meaning. Cambridge, MA: Harvard University Press.
·Carraher, T.N., Carraher, D.W., & Schliemann, A.D. (1985). Mathematics in the streets and in the schools. British Journal of Developmental Psychology, 3, 21-29.
·Chandrasekaran, B. (1981). Natural and social system metaphors for distributed problem solving : introduction to the issue. IEEE Transactions on Systems, Man and Cybernetics SMC, 11, 1-5.
·Cole, M. (1996). Cultural Psychology: A Once and Future Discipline. Cambridge, MA: Harvard University Press.
·Cole, M., Gay, J., Glick, J.A., & Sharp, D.W. (1971). The cultural context of learning and thinking. New York: Basic Books.
·Conein, B. (1998). La notion de routine : problèmes de définition. Sociologie du Travail, 40 (4), 479-489.
·Conein, B., & Jacopin, E. (1993). Les objets dans l’espace : la planification dans l’action. In B. Conein, N. Dodier et al. (Eds), Les objets dans l’action. Paris: EHESS, 59-84.
·Conein, B., & Jacopin, E. (1994). Action située et cognition : le savoir en place. Sociologie du Travail, 36 (4), 475-500.
·Courtial, J.P. (1994). Science Cognitive et Sociologie des Sciences. Paris: PUF.
·Doran, J., Troitzsch, K.G., Mueller, U., & Gilbert, G.N. (1996). Social Science Microsimulation. Berlin: Springer.
·Edelman, G. (1992). Biologie de la conscience. Paris: Odile Jacob.
·Ferber, J., (1995). Les systèmes multi-agents : vers une intelligence collective. Paris: Interéditions. Des Sciences Sociales à l’Anthropologie Cognitive B. Grison @ctivités, volume 1 numéro 2 33
·Fischler, C., & Lahlou, S. (1995). Dossiers, piles d’attente et corbeilles. La digestion quotidienne de l’information dans l’entreprise. Rapport EDF-DER HN 51/95/017, octobre.
·Gibson, J.J. (1979). The ecological approach to visual perception. Boston: Houghton-Mifflin.
·Gladwin, T. (1970). East is a Big Bird. Cambridge, MA: Harvard University Press.
·Gladwin, T. (1974). Culture and logical process (1964). In J.W. Berry, & P. Dasen (Eds.), Culture and cognition – readings in cross-cultural Psychology. London: Methuen, 27-37.
·Grison, B., & Riff, J. (2002). Validité écologique et situations d’étude privilégiées : de la psychologie expérimentale à l’anthropologie cognitive située. In Actes 4èmes Journées d’Etudes de l’Association ACT’ING, ‘Objets théoriques, objets de conception, objets d’analyse et situations d’étude privilégiées’, 6-7 juin, Domaine de Chalès, Sologne.
·Halbwachs, M. (1939). La mémoire collective chez les musiciens. Revue Philosophique, mars-avril, n° 3-4, 136-165.
·Hutchins, E. (1995). Cognition in the Wild. Cambridge, MA: MIT Press.
·Kirsh , D. (1990). Préparation et improvisation. Réseaux, n° 43, 111-120.
·Larkin, J., & Simon, H.A. (1987). Why a diagram is (sometimes) worth ten thousand words. Cognitive Science, 11, 65-99.
·Latour, B. (1985). Les « vues » de l’esprit : une introduction à l’anthropologie des sciences et des techniques. Culture-Technique, n° 14, juin, 5-29.
·Latour, B. (1994). Une sociologie sans objet ? Note théorique sur l’interobjectivité. Sociologie du Travail, 36 (4), 587-607.
·Lave, J. (1988). Arithmetics in Practice. Cambridge, MA: Harvard University Press.
·Léontiev, A.N. (1984). Activité, conscience, personnalité (1975). Paris: Éditions Sociales.
·Mead, G.H. (1963). L’esprit, le soi, la société (1934). Paris: PUF.
·Miller, G., Gallanter, E., & Pribram, K. (1960). Plans and the structure of behaviour. New York: Holt, Rinehart & Winston.
·Nardi, B. (1996). Studying context. In B. Nardi (Ed.), Context and Consciousness. Cambridge, MA: MIT Press, 69-102.
·Newell, A., Shaw, J.C., & Simon, H.A. (1958). Elements of a theory of human problem-solving. Psychological Review, 65, 151-166.
·Norman, D.A. (1993). Les Artefacts Cognitifs. In B. Conein, N. Dodier et al. (Eds.), Les objets dans l’action. Paris: EHESS, 15-34.
·Prochiantz, A. (1997) Les Anatomies de la Pensée. Paris: Odile Jacob.
·Resnick, L.B. (1996). Le rationalisme situé. Perspectives, 26, 1, mars.
·Richard, J.F. (1996). Les différentes approches de l’analyse des compétences cognitives. Psychologie Française, 41 (1), 3-8.
·Riviere, A. (1990). La Psychologie de Vygotsky. Liège: Mardaga.
·Roberts, J. (1964). The self-management of cultures. In W. Goodenough (Ed.), Explorations in Cultural Anthropology. New York: McGraw Hill, pp. 433-454
·Salomon, G. (1993). Distributed Cognitions. Cambridge: Cambridge University Press.
·Schraagen, J.M. (1993) How experts solve a novel problem in experimental design. Cognitive Science, 17, 285-309.
·Schütz, A. (1964). Collected Papers (tomes 1 & 2). The Hague: Nijhoff.
·Scribner, S. (1984). Cognitive studies of work. The Quarterly Newsletter of the Laboratory of Comparative Human Cognition, 6, 1-2, January-April, 1-49.
·Scribner, S., & Cole, M. (1981). The Psychology of Literacy. Cambridge, MA: Harvard University Press.
·Suchman, L. (1987). Plans and Situated Actions: the problem of human-machine communication. Cambridge: Cambridge University Press. Des Sciences Sociales à l’Anthropologie Cognitive B. Grison @ctivités, volume 1 numéro 2 34
·Suchman, L. (1988). Representing practice in Cognitive Sciences. Human Studies, 11 (2-3), 305-325.
·Theureau, J. (1992). Le cours d’action : analyse sémio-logique. Berne: Peter Lang.
·Vera, A.H., Simon, H.A. (1993). Situated Action: a symbolic interpretation. Cognitive Science, 17, 7-48.
·Wundt, W. M. (1916). Elements of Folk Psychology : outlines of a psychological history of the development of mankind. New York: Macmillan.
·Zinchenko, V. (2002). Contributions of Shpet’s thinking to Vygotskian elaborations. In Dealing with Diversity, Book of abstracts of the 5th Congress of the International Society for Cultural Research and Activity Theory (ISCRAT), 18-22 June, Amsterdam (p.239).
Citar el artículo:
·Grison, B. (2004). Des Sciences Sociales à l’Anthropologie Cognitive. Les généalogies de la Cognition Située, @ctivités, 1 (2), 26-34. http://www.activites.org/v1n2/grison.pdf